En 1939, Adolf Hitler fue propuesto para el Premio Nóbel de la Paz por un sueco. Afortunadamente la nominación fue rechazada en Febrero, unos meses antes de que comenzará la Segunda Guerra Mundial.
En una ocasión George Washington se encontraba cenando con unos amigos, sentado de espaldas al fuego que calentaba la habitación. El presidente se quejó del calor y alguien le comentó: “Un general debe estar acostumbrado al fuego”. Y Washington replicó: “Sí, pero no por la espalda”.
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